Nadie lo acepta de buenas a primeras, pero todos tienen esa pulsión a desprenderse de lo que aman, como un fetiche muy profundo, deseo de ruptura y del sufrimiento que lo acompaña, como si mientras mas doloroso mejor, nadie lo acepta, pero hay un deseo egoísta que corona y rebasa el placer del cuerpo, lo niegan y lo ocultan con vergüenza, sin embargo cuando llega el momento ya sea por precipitación voluntaria o accidental, nadie deja de gozar bajo de la mascara el temblor de rodillas y el cosquilleo espinal, el debilitamiento y las contracciones musculares del que se halla en el camino con menos que perder y mas espacio para cargar...

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